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Yo quiero bailar….Identidad Hortera como herramienta política.

En la mayoría de las fiestas feministas, lgtbiq+, Queer, autogestionadas, contra Vox, etc ; siempre acaba sonando “Yo quiero bailar” de Sonia y Selena y muchísimas más canciones que podríamos asociar a esa misma tesitura. ¿Es sólo un momento lúdico petardo? ¿Tiene contenido? ¿Podemos generar discurso desde ahí?

“Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa” es la famosa cita adoptada y repetida sin dudar como lema feminista atribuída a Emma Goldman y que con el tiempo ha tenido sus reflexiones y derivaciones como “Si no puedo perrear, no es mi revolución” de June Fernándezi. Llevamos años liberando el cuerpo en el espacio público para usarlo como herramienta política y reivindicativa a través del baile y dotando a las fiestas de fuerte contenido activista, visibilizando las disidencias desde una perspectiva hedonista y combativa. Creo firmemente en el baile y en la fiesta pero, ¿qué bailamos?

Voy aclarar que todo este escrito lo contextualizo dentro del territorio del estado español (y no todo, seguramente las compañeras de Feminismo Andaluz contarían otra cosa). Se trata de un microdiscurso pensado y generado desde mis vivencias en los últimos años. Desde los movimientos feministas y Queer nos volvimos locas con el perreo, nos sumergimos de lleno en todos los ritmos latinos y sus movimientos sexualizantes y/o sexualizados que nos llegaban desde otro continente; otro marco histórico, social y cultural y nos apropiamos de ellos como arma combativa. Además, tuvimos que escuchar incesantemente “como vas a ser feminista si te gusta el reguetón” y eso nos encendió aún más. Luego fueron llegando (o fuimos descubriendo) todos los grupos y artistas que componían canciones con contenido feminista. Ya no hacía falta darle la vuelta a Daddy Yankee, con Rebeca Lane todo era y sigue siendo directo y explícito. En los últimos tiempos, en los que tanto se habla de la apropiación cultural; parece que también nos ha caído encima el látigo. Las blanquitas españolas debemos repensar un poquito qué pasa cuando intentamos perrear en una fiesta, a lo mejor no dejar de hacerlo; pero sí ser conscientes desde dónde lo hacemos.

Y no quiero meterme ahora en este jardín de la apropiación cultural, lo que me gustaría proponer es una identidad muy cañí, relacionada con el marco en el que nos situamos y que identifico a través de la observación. Creo que habría que ponerla sobre la mesa para darle potencia y funcionalidad. La Identidad Hortera.

Y aquí es dónde entran en juego Sonia y Selena, pero antes; un poco de historia:

Si buceamos por Internet podemos encontrar que el término “hortera” empezó a utilizarse para nombrar a los jóvenes que trabajaban en las farmacias de Madrid del siglo XVII y que su denominación viene derivada del cuenco llamado precisamente “hortera” en el que mezclaban las fórmulas magistrales. Desde mediados del siglo XIX se popularizó la palabra, y los “horteras” pasaron a ser todos los dependientes de los diferentes comercios que además, provenían de clases bajas y sus vestimentas no eran elegantes ni de buen gusto. Pues bien, si nos creemos todo esto, vemos que “hortera” hace referencia a un grupo social enmarcado en la otredad, diferenciado por cuestiones de clase y visibilidad. Creo que no es necesario aclarar cómo ha ido derivando el término hasta cómo lo empleamos hoy en día.

En todas las fiestas a las que he asistido o en las que yo misma he pinchado, cuando llega el esperado momento de “Yo quiero bailar, toda la noche” se siente un subidón de energía, todes empezamos a saltar y a cantar. Y lo mismo sucede con una lista interminable de canciones en español de la misma década; y algunas en inglés, no podemos olvidarnos de gala y su “Freed from Desire. Brigitte Vasallo escribía en Píkara “que lo petardo no nos quite lo político”ii para reflexionar y plantear un boicot al certamen de Eurovisión celebrado en Israel. Pues bien, me gustaría proponer “hagamos con lo petardo la política”. Nuestra herencia más próxima es todo el fructífero pop en español de las decadas de los 90 y los 2000. Y este tipo de música, no está bien valorada. Es música comercial, one hit wonders, la canción del verano… Los “señores cultos” de la música, especialmente los indies (esa masa de señores aburridos) reniegan completamente y un buen DJ es aquel que pincha electrónica, funky, bugaloo, que se lleva sus vinilos, su mesa de mezclas superpro; en definitiva; que “sabe mucho de música” y maneja los platos. Todas las demás, somos unas mamamarrachas “ponetemas” que muchas veces sólo sabemos darle al play y con un poco de suerte equalizar más o menos la mesa pero que; curiosamente, estamos en las fiestas con contenido reivindicativo y hacemos a la gente bailar sin parar.

Y todo esto amigas, se está repitiendo constantemente. Andrea Momoitio tiene un artículo en Píkaraiii en el que analiza el consumo de MDMA en fiesta feministas, lésbicas y Queers en el que cita esta famosa canción. Rocío Saiz, vocalista de las Chillers reivindica el “Chonismo Ilustrado” en una entrevista por Mar Abad para Yorokobuiv y por cierto, hablando de las Chillers; este año tuve la suerte de estar en uno de sus conciertos y con todos los covers que hacen de la música española de los 90, generan un discurso feminista tan potente que se te caen las bragas. Hace poco estuve también en un Vermú Queer para reacudar fondos para las personas mayores trans en el barrio de Sant Antoni, Barcelona; en la calle donde se situa el famoso (por los ataques recibidos) Centre LGTBI, y mientras todes bailabamos sin parar pudimos ver cómo lxs pocxs vecinxs del barrio que resisten a la gentrificación salían a sus balcones a unirse a nosotres. Y en todas estas fiestas se performativizan, se relativizan y se funden todas las cuestiones de género, clase, edad, ideas políticas e incluso diferencias activistas. Siempre y cuando haya una mínima consonancia y se haga todo desde el respeto y la inclusión evidentemente, no consigo imaginarme en una fiesta Queer bailando “Duro de pelar” de Rebeca con Ana Botella. ¿O sí?

Parece que nos llegan tiempos duros, personas feas de corazón están llegando al poder mediático y político y no nos podemos dormir, tenemos que combatir más fuerte que nunca y las fiestas no deben ser sólo fiestas. Seamos Horteras, que la estética es lo que más les jode y lo primero que se les ocurre atacar; pensemos en aquellos jóvenes excluidos del Madrid burgués del siglo XIX y sigamos haciendo nuestra revolución bailando, llenas de purpurina, plumas, pelucas y baratijas y desgañitándonos con letras pop de décadas pasadas.

“Tus ojos bandido, no puedo estar sin él me muero por su amor, tu siempre fuiste duro de pelar, desátame o aprétame más fuerte, ritmo de la noche, YO QUIERO BAILAR TODA LA NOCHE….”

Viuda Rosa.

i http://gentedigital.es/comunidad/june/2013/07/24/si-no-puedo-perrear-no-es-mi-revolucion/

ii https://www.pikaramagazine.com/2019/02/eurovision-boicot-israel/

iii https://www.pikaramagazine.com/2019/04/mdma/

iv https://www.yorokobu.es/rocio-saiz/

Publicado por viudarosa

Viuda Rosa es un alterego, un pseudónimo o simplemente un nombre un tanto mamarracho que se alberga dentro de todos los nombres del nombre que me han dado, Manu Badás. Soy creador, gestor cultural, ávido lector y amante de las fiestas de verano e invierno. He hecho muchas cosas y las sigo haciendo y estoy en constante transformación.

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